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¿Cuántas veces le hemos dicho a un niño “no estés triste, que no pasa nada”? ¿O “no tengas miedo, que ya eres mayor”? ¿O “no te enfades, que no te va a servir de nada”? Solemos rechazar la mayoría de las emociones “negativas” que tenemos, intentando bloquearlas o censurarlas. Y debemos comenzar a no hacerlo.

Nuestra psicóloga infantil, Amor García Mula nos cuenta por qué elige el Cociente Emocional:

No es el Coeficiente Intelectual el que predice quién será una persona efectiva en cualquier parcela de su vida, sino el Coeficiente Emocional. Todo eso tiene que ver con cómo nos manejamos y cuán efectivos somos en las relaciones personales, en la capacidad para reconocer sentimientos propios y ajenos, y la habilidad para manejarlos.  Hasta ahora, el sistema educativo se centraba solo en el Intelectual, se centraba en que los niños sacasen buenas notas, pero afortunadamente esto va cambiando poquito a poco. La Neurociencia (de la que soy fan y de la que me fío a pies juntillas) nos descubre que esos conocimientos, al poco tiempo,  si no tienen impacto emocional y si no se ejercitan en el futuro, se debilitan o desaparecen.

La inteligencia emocional  es un factor decisivo a la hora de la formación académica, pero lo es más a la hora de ser una persona feliz, que es lo que más nos debe importar.

Una buena educación emocional incluye enseñar que no hay emociones “buenas” ni “malas”, o “dañinas” y “peligrosas”. Todas y cada una de las emociones son necesarias. Son innatas y naturales del ser humano, y las necesitamos porque todas cumplen su función, incluso las llamadas emociones negativas.

El saber comunicarse y el reconocer emociones propias y ajenas, es sin duda imprescindible para que los niños vayan madurando poco a poco y alcancen una solvencia adecuada para integrarse en la sociedad y ser felices en ella. Nosotros podemos darles esa oportunidad…

Todos las personas tenemos ocho emociones básicas.

Las cuatro primarias son la cólera, la alegría, la tristeza y el miedo; las cuatro secundarias, el amor, la vergüenza, la aversión y la sorpresa. Todas ellas deben convivir en armonía, y lo conseguiremos en nuestros hijos si los educamos para ello. Deben conocerlas y comprenderlas para después controlarlas, si son desproporcionadas o no son acordes con aquello que las causa. Para ello, tendrán que:

– Reconocer y entender sus emociones (Conciencia emocional). A partir de los dos años podemos ya enseñarles las emociones básicas, porque es cuando empiezan a interactuar de forma más abierta con otros niños y adultos.

– Saber nombrarlas.

– Gestionarlas o saber afrontarlas (Regulación emocional). Esto pasa por permitirles que las muestren sobre todo si son negativas y aunque sean desproporcionadas, para después enseñarles estrategias para cambiar la manifestación de las mismas, o para mostrarles que actuando de otra manera, posiblemente, consigan  más de lo que pretendían.

– Entender las emociones de los demás (Empatía), con preguntas facilitas como «¿Cómo crees que se siente el abuelo tras lo que le has dicho?»»¿Por qué crees que está llorando tu hermana?», o simplemente diciéndoles cómo nos sentimos nosotros ante situaciones que nos ocurran con ellos o con los demás.

– Favorecer que puedan expresarse. Pondrán en voz alta sus sentimientos, hablando con ellos, jugando, haciéndoles preguntas, razonando.

– Iniciarlos en las emociones secundarias sobre los 8 y 10 años.

– Fomentar un diálogo democrático desde que son pequeñitos. Todo empieza en la familia y ella es el mejor ejemplo de sociedad que existe.

– Confiar en sus capacidades, marcarse objetivos, tomar decisiones responsables y automotivarse  (Autonomía emocional)

– Aprender de nosotros. Para mí, la más importante. Llorad cuando tengáis que llorar, sentid miedo cuando lo tengáis que sentir, enfadaos cuando tengáis que hacerlo, igual que cuando estáis felices. Luego explicad qué os ha pasado y cómo lo podéis hacer mejor la próxima vez, si han sido emociones negativas desproporcionadas o fuera de lugar. Si os equivocáis, asumid el error, pedid perdón. Los papás y las mamás somos personas. Y las personas sienten, lo hacen mal, pueden equivocarse y también asumir errores y pedir perdón.

Os voy a dejar unos enlaces que os sirvan de ayuda para todo esto; unos poquitos porque hay muchos y debéis descubrirlos vosotros según vuestras necesidades. Uno de ellos, os deriva a un proyecto de una paisana nuestra, Alicia Hurtado, maestra, mamá y mujer con interés en el tema tan bonito que nos ocupa hoy.

En formato audiovisual:

https://www.youtube.com/watch?v=xaibXFC-KhI. Cualquier corto de Pixar, es genial.

https://www.youtube.com/watch?v=ZOWV9F7LnIQ.  Trailer “Del Revés”.

https://www.youtube.com/watch?v=BVtI0Yb_Enc&list=PLr9uLO6EONT7cYXuZNH3q42sZ3OVjfz-o  Corto «The fantastic flying books».

En formato libro:

http://cuentosparacrecer.org/blog/colecciones-de-cuentos-para-trabajar-inteligencia-emocional/.

http://www.palabrasaladas.com/emocionario.html

http://aliciah.es/

Yo, hoy, estoy triste; ayer enfadada. Pero estoy trabajando para estar contenta.

Gracias papás, mamás, abuelos, yayas, maestros, profes… Sé que entre todos, lo conseguiremos.

«Nos enseñaron desde niños cómo se forma un cuerpo, sus órganos, sus huesos, sus funciones, sus sitios, pero nunca supimos de qué estaba hecha el alma». – Mario Benedetti –

Dª Amor García Mula – Psicóloga Infantil (MU07310)

Citas – 968471678

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